miércoles, 4 de mayo de 2011

BARBACID LANZA UN S.O.S

Mariano Barbacid
Ayer me quedé a cuadros cuando recibí en mi correo la nota de prensa que anunciaba la mala noticia. El todavía director del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), Mariano Barbacid, lanzaba un verdaderos S.O.S. No hay dinero para seguir adelante con una prometedora vía de investigación contra el cáncer de pulmón.

Llevaba más de diez años dedicando todos sus esfuerzos a hacerse con la clave que permitiera tratar este tipo de tumores. Y, finalmente, se hizo con ella. Estaba en unas extrañas encimas, unas quinasas, cuya inhibición se contrastó impidía el desarrollo del cáncer de pulmón.

Me imagino la ilusión que debió sentir el grupo de científicos cuando comprobaron que el esfuerzo de años de investigación había tenido sus frutos. Más si cabe cuando las buenas noticias en este campo son raras de encontrar. En muchas ocasiones, el dinero y empeño destinado a una línea de trabajo en ciencia termina cayendo en saco roto bien, por encontrarse efectos adversos, o por descubrir que no posee las indicaciones esperadas.

Y también me imagino la cara que se les debió de quedar cuando el Programa de Terapia Experimental (encargado de la realización de los fármacos en el CNIO), que ya lo tenía todo preparado para ponerse manos a la obra con el descubrimiento de Barbacid, les comunicó que no había 'cash' para sacarlo adelante.

Los periodistas no estábamos acostumbrados a escuchar declaraciones contra el Ministerio de Ciencia en boca del prestigioso oncólogo. De hecho, en una entrevista con él me comentó que esperaba que los recortes no afectaran al CNIO en 2012, y valoraba la importancia que había dado el Gobierno a la oncología. Aunque de todos era sabido que su huída a EE UU en 2009 estuvo motivada por el 'tijeretazo' presupuestario que experimentó esta cartera, y no por "motivos personales" como él se apresuró a decir. Sin embargo, Barbacid ayer se quedó a gusto. En una nota emitida por el CNIO calificaba de "irónico" y "frustrante" que el departamento liderado por Cristina Garmendia impidiera la entrada de dinero de la empresa privada para financiar este tipo de proyectos, después de que los fondos públicos se hayan agotado.

El cruce de acusaciones se ha incrementado a lo largo del día de hoy. Ciencia ha acusado al oncólogo de frivolizar con un tema tan serio y le ha recordado que cuenta con 58 millones para desarrollar proyectos.

Me parece lamentable que ocurra este tipo de cosas en España. Miles de personas mueren cada año por uno de los cánceres más crueles que se pueden desarrollar, el de pulmón. Es deprimente que la falta de dinero, problemas burocráticos o demás piques políticos se lleven por delante la investigación en este campo.

lunes, 2 de mayo de 2011

MISTERIOS DE LOS GENIOS DE LA MEDICINA



Ramón y Cajal

Hace unos días, calló a mis manos un libro titulado Vida secreta de nuestros médicos. La verdad es que, siendo sincera, normalmente no tengo tiempo para leer íntegramente todos los libros que me llegan a la redacción sobre medicina. Además, lo habitual es que sean demasiado técnicos y que no tengan cabida en el periódico. Pero éste, en concreto, firmado por el periodista Genís Sinca, parecía atractivo. Y no me ha defraudado.

Se trata de una obra que disecciona la biografía de los veinte médicos españoles más influyentes del año pasado. Pero lejos de ser una aburrida sucesión de datos y logros, Sinca ha sido capaz de extraer el lado más personal de todas esas figuras de la medicina que muchos de nosotros sólo conocemos por ver su nombre escrito en los libros de texto del colegio. Es curioso lo que enganchan las biografías que se centran en destacar las anécdotas, leyendas y misterios que deambulan en torno a un personaje.

Tiene gracia descubrir cómo el primer trasplante que se realizó en España (de la mano de José María Gil-Vernet) se hizo en un quirófano repleto de ratas. O que Ramón y Cajal fue un niño no sólo negado para los estudios sino un macarra de barrio que llegó a derribar la puerta de una escuela con un cañón fabricado por él mismo. Increíble.

Son muchas las anécdotas que se plasman en este libro, fruto de numerosas entrevistas realizadas por Sinca a los allegado y familiares de estos veinte galenos. Llama la atención que el archiconocido psiquiatra Juan José López Ibor fuera, según cuenta la leyenda, el primer español que auscultó el corazón del Rey Juan Carlos cuando todavía estaba en el vientre materno. O que el doctor Agustín Pedro-Pons fuera capaz de saber qué le pasaba a un paciente con sólo verle entrar en su consulta.
Portada del libro

Sin embargo, a lo largo de las más de 400 páginas que componen Vida Secreta de nuestros médicos, lo que más me ha sorprendido es el importante papel que ha jugado en prácticamente todos estos ilustres hombres cada una de sus esposas. Me ha llegado a emocionar una de las frases que pronunció Severo Ochoa tras recibir el Premio Nobel: "¿Cómo puede sorprenderse nadie de que diga que mi vida sin Carmen (su mujer) no es vida?". No era el único. Al parecer Gregorio Marañón no podía abrocharse el botón de la camisa sin consultarlo con su mujer. Los hijos del propio López Ibor no dudan al afirmar que su padre se convirtió en uno de los psiquiatras más prestigiosos del mundo gracias a su mujer Socorro.

En definitiva, un libro muy aconsejable para conocer algo más de los que un día curaron a nuestros abuelos e influyeron a generaciones enteras.

Para ver el artículo completo, pinchar aquí.

domingo, 1 de mayo de 2011

BASELGA, EL ONCÓLOGO OPTIMISTA

Da gusto hablar con un oncólogo de prestigio, que te dedique una horita de su tiempo en su apretada agenda (repleta de charlas, conferencias, premios...) para que te cuente, desde su trabajado punto de vista, hacia dónde se dirige la investigación del cáncer. Pero, sobre todo, da gusto escuchar a un oncólogo optimista, que tenga por norma no lanzar mensajes catastrofistas. Uno de estos médicos ilusionados es Josep Baselga, conocedor absoluto de los tumores (especialmente los de mama), al que tuve la oportunidad de entrevistar hace unos días.

A Baselga (fundador del Instituto de Oncología del Hospital Valle de Hebrón y, ahora, director de la Unidad de Oncología del Hospital de Massachussets) le corre la profesión por la sangre. Y no sólo porque lo suyo le venga de familia, que también, sino porque su forma de hablar pausada, serena y con una sempiterna media sonrisa en su cara de bonachón lo demuestran.

Más cerca o lejos, todos tenemos a algún ser querido al que el cáncer por desgracia le ha arrebatado la vida antes de lo esperado. Hasta el momento, los titulares no han sido muy esperanzadores. "Uno de cada tres españoles padecerá cáncer a lo largo de su vida", "El cáncer se convertirá en una enfermedad crónica" o "El cáncer es una enfermedad que nunca podrá erradicarse" (esta última pertenece nada más y nada menos que al doctor Mariano Barbacid)... No seré yo quien diga si son frases catastrofistas, pero puedo asegurar que el periodista se siente también muy satisfecho cuando se encuentra con una persona que le da titulares positivos, sobre todo, cuando se trata del cáncer.

Desde luego, a Baselga no le asustan este tipo de declaraciones (aunque las corrobora -todo hay que decirlo-). Él lo tiene claro: "Hay que ser optimista". Y lo dice alguien que sabe de lo que habla. Por eso no le tiembla la voz al decir que dentro de 20 años espera que el cáncer deje de ser la principal causa de muerte en la población de entre 35 y 70 años. El "ejército de supervivientes de cáncer que ya existe" -tal y como afirma- apoya su teoría.

Es ambicioso. Los más de 30 años que lleva metido en un laboratorio no le han hecho perder la ilusión por su trabajo. Quizá por eso su objetivo no es cronificar esta enfermedad (como otros muchos expertos se proponen), sino "curarla".

Aunque una buena parte de la entrevista la dedicamos a hablar de los recortes en sanidad y ciencia (la actualidad como siempre manda), me sorprende profundamente su forma de referirse a los enfermos. Muchas veces se comenta que las personas que conviven a diario con la muerte terminan perdiendo humanidad. Es por ello que me fascina la devoción y compromiso que profesa por los afectados por el cáncer, con los que también trata a menudo con el fin de no perder vínculos con ellos. "No podemos alargar la vida de los enfermos a cualquier precio. Tenemos que velar por su calidad y bienestar", sostiene.

Sin duda, una muestra más que evidente de que a Baselga no le interesan los méritos ni las medallas. Su objetivo no es pasar a la historia como el científico que fue capaz de dar con la clave del cáncer, sino intentar mejorar las condiciones de vida y apaciguar el sufrimiento que continúa generando esta cruel enfermedad.

Para ver la entrevista completa, pinchar aquí.

Vídeo donde se pone de manifiesto el espíritu optimista de Josep Baselga




(La estupenda foto es de Borja Sánchez-Trillo)